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Causas sociales y políticas del hambre

El hambre aparece por muchas causas, tales como tierras pobres, cambios de clima y falta de acceso al agua. Pero en la mayoría de las comunidades, el hambre es también causada por la pobreza. Cuando los agricultores tienen poco o ningún ingreso, o la gente tiene poco dinero para comprar alimentos, ellos comienzan a padecer de hambre. Para comprender las raíces del problema de la pobreza y el hambre en una comunidad, es necesario considerar los problemas de seguridad alimentaria que afectan a cada comunidad.

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Causas sociales y políticas del hambre

El control de las grandes empresas acaba con la seguridad alimentaria

Cuando el alimento es tratado como un producto más que se puede comprar y vender, en lugar de algo que la gente necesita y a lo cual tiene derecho, las ganancias por la venta de alimentos llegan a ser más importantes que la alimentación misma y consecuentemente se perjudica la salud de la comunidad. Mucha gente compra alimentos producidos por grandes empresas, que han sido cultivados en tierras de propiedad de éstas con semillas, fertilizantes y plaguicidas producidos también por ellas.

El control que las grandes empresas ejercen sobre todos los aspectos de la seguridad alimentaria obliga a los agricultores a abandonar el negocio y sus tierras. Cuando las grandes empresas utilizan la tierra para cultivar alimentos que venden fuera de la región, la gente que vive y trabaja en estas comunidades se ve obligada a consumir alimentos comprados fuera, si es que tienen suficiente dinero para comprarlos.

Las grandes empresas ganan gracias a la “inseguridad” alimentaria ya que las comunidades y países enteros se vuelven dependientes del mercado global de alimentos. Cuando el mercado fracasa en satisfacer las necesidades alimentarias del pueblo, la gente pasa hambre y las empresas obtienen aún mayores ganancias vendiendo alimentos a los gobiernos para que los distribuyan como ayuda alimentaria.

Hasta que la gente no controle ella misma su seguridad alimentaria, el hambre será el mayor producto de las grandes empresas que controlan la producción y distribución de alimentos.

Recuperación de semillas para resistir la sequía
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En Zimbabwe los agricultores una vez sembraron muchas clases de granos. Durante la Revolución Verde de la década de 1960, el gobierno y las agencias internacionales compraron un nuevo tipo de maíz para que los agricultores sembraran. A los agricultores les gustaba el maíz híbrido porque sus granos eran más grandes, crecía más rápido y era fácil de vender. El gobierno compró gran cantidad de los cultivos y luego los revendió a otros países y a las ciudades de Zimbabwe, donde el alimento era escaso. Después de un tiempo el maíz se volvió el alimento más común que se comía en Zimbabwe, y la mayoría de los agricultores lo cultivaba en grandes cantidades.

Luego vinieron los años de sequía. Llovió muy poco en Zimbabwe y otros países sudafricanos. El maíz ya no crecía bien y no había otra cosa que comer. Muchas familias habían almacenado los granos para épocas de hambre pero gran cantidad de sus depósitos de maíz se pudrieron, lo cual fue como una sorpresa porque el mijo y el sorgo que sembraban antes duraban muchos años almacenados.

Cuando finalmente llovió, no fueron lluvias sino fuertes tormentas que arrancaban los cultivos de raíz y arrastraban la preciosa tierra de los campos secos. El hambre cundió tan gravemente en Zimbabwe que el gobierno se vio forzado a pedir ayuda alimentaria de las Naciones Unidas. Grandes embarques de maíz llegaron por avión y fueron distribuidos a la gente hambrienta en todo el país. Pero la ayuda alimentaria y las nuevas semillas híbridas no resolverían el problema del hambre y de seguridad alimentaria a largo plazo.

Los agricultores entendieron que ellos no podían atraer más lluvias, pero sí podían cambiar las prácticas agrícolas para aprovechar mejor la lluvia. Los agricultores comenzaron a recoger y sembrar semillas de pequeños cultivos de grano como sorgo y mijo que siempre habían crecido bien en Zimbabwe. Sembraron todo tipo de semillas que podían obtener. Si la sequía destruía un cultivo las otras seguramente sobrevivirían. Algunos agricultores dejaron que se pudrieran en el campo los rastrojos de sus cultivos después de la cosecha, protegiendo así el suelo para que no fuera arrastrado por las fuertes lluvias. Al llegar la siguiente estación, el suelo estaba todavía suave y era adecuado para sembrar. Algunos agricultores sembraron frijol dolichos o lablab después de la cosecha de granos, de modo que siempre hubiera algo creciendo. El frijol dolichos servía para alimentar al ganado y las plantas de frijol también servían para mantener y enriquecer el suelo.

En Zimbabwe aún llueve menos que antes, pero algunos agricultores ya no dependen de semillas no nativas o ayuda alimentaria. Han aumentado su capacidad de evitar el hambre mediante la siembra de cultivos que puedan sobrevivir la sequía.

Métodos agrícolas de la Revolución Verde

Desde la “Revolución Verde” de los años 60, las grandes empresas y las agencias internacionales han pregonado que pueden “alimentar al mundo” con “semillas mejoradas”, fertilizantes químicos y plaguicidas. Aunque han tenido éxito en obtener el control de los terrenos agrícolas, del suministro de semillas y de los sistemas de comercialización y distribución, no han logrado erradicar el hambre del mundo: en ocasiones incluso han hecho que empeore.

Acceso deficiente al agua

Los cultivos necesitan agua para crecer. A medida que las grandes propiedades agrícolas utilizan más y más agua, los agricultores pequeños disponen cada vez de menos. Cuando el agua está contaminada o es de propiedad privada, el derecho al agua se ve amenazado (vea Capítulo 6). Aunque existen diversas maneras de preservar los recursos de agua (vea Capítulo 9: Protección de las cuencas hidrográficas y Capítulo 15: La agricultura sostenible), estos métodos deben ser protegidos y promocionados por los gobiernos y las agencias internacionales.

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Pérdida de la tierra

Cuando la mayor parte de la tierra está en manos de pocas personas o de las grandes empresas, surgen muchos problemas en la alimentación. Muchos agricultores pequeños se ven forzados a dejar sus tierras y migrar a las ciudades, o trabajar en las plantaciones o en las fábricas. Sin tierras para producir sus alimentos ni dinero para comprarlos, se vuelven víctimas del hambre y la desnutrición.

Generalmente las grandes propiedades agrícolas y las grandes empresas siembran sólo un cultivo, emplean menos gente y utilizan más maquinaria, más fertilizantes químicos, plaguicidas y herbicidas, y venden el producto lejos de donde se produce; muchas lo envían a otros países. Esto crea menos variedad de alimentos, desnutrición, menos ingresos para los trabajadores, más daño al medio ambiente y menos alimentos disponibles localmente. Esto también perjudica las culturas locales porque la gente ya no puede mantener sus formas tradicionales de cultivo de alimentos y de cuidado de la tierra.

Acceso deficiente al crédito y a los mercados

Como la agricultura depende del clima y de los precios del mercado, los agricultores a veces necesitan prestarse dinero hasta la época de cosecha o hasta que el mercado mejore. Los bancos muchas veces no quieren prestar dinero a los pequeños agricultores, mientras que sí prestan a los productores grandes y más poderosos. Esto provoca hambre en las familias y comunidades de los pequeños agricultores. En muchos casos los obliga a renunciar a sus tierras.

Migración

Cuando la gente se ve forzada a dejar su tierra, también puede perder el conocimiento de cómo producir alimentos. Si la gente joven se va a las ciudades antes de aprender las prácticas agrícolas, nunca podrá enseñar a sus propios hijos la forma de labrar la tierra, y la pérdida de los terrenos familiares se convertirá en permanente.

Enfermedades epidémicas

A medida que las enfermedades tales como el VIH, tuberculosis y paludismo matan a millones de personas en todo el mundo, el hambre y la desnutrición aumenta. Las familias y las comunidades están perdiendo generaciones completas, generalmente aquellos que participaban más activamente en el cultivo de alimentos. La producción de alimentos baja a medida que los agricultores mueren, y con ellos su conocimiento de cómo cultivarlos. La prevención y el tratamiento de estas enfermedades no sólo previenen el hambre y la desnutrición resultante, sino que es importante para la seguridad alimentaria de toda la comunidad.

Falta de conocimiento

En muchos lugares, la gente ha perdido el conocimiento tradicional de cómo producir alimentos. Además, debido a las condiciones de cambio rápido como la sobrepoblación de las comunidades, la disminución de la tierra fértil y el cambio de clima, muchas veces los métodos antiguos ya no son eficaces. Cuando la gente no sabe cómo producir alimentos el resultado es hambre y falta de seguridad alimentaria. Una solución a este problema es mantener, transmitir y mejorar el conocimiento a través de escuelas de agricultura, programas de educación de agricultor a agricultor, y servicios de extensión agrícola (vea otros recursos sobre la alimentación y la agricultura).

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La causa del hambre es la falta de alimentos. La falta de alimentos se debe con frecuencia a la injusticia.