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Evaluaciones del Impacto Ambiental (EIA)

En vista de que los proyectos industriales y de desarrollo han causado tanta destrucción al medio ambiente, en la actualidad existen leyes que exigen que gobiernos, industrias y agencias de desarrollo determinen los impactos anticipados de sus proyectos. Una herramienta común que se usa para este fin se llama la Evaluación del Impacto Ambiental, o EIA.

En la EIA se contemplan y evalúan los posibles efectos de un proyecto sobre los habitantes, los animales, la tierra, el agua, y la calidad del aire en el área. Puede tratarse, por ejemplo, de proyectos de construcción de caminos, aeropuertos o minas. En la EIA también se pueden tratar problemas sociales, tales como desplazamientos, pérdida de principios culturales, estilos de vida tradicionales y lugares de importancia histórica o espiritual. Una EIA también debe proponer formas menos dañinas de desarrollo del proyecto, si es que se va a seguir adelante con éste. Busca la ayuda de organizaciones ambientalistas o universidades para entender mejor los impactos descritos en la EIA.

La empresa implicada puede elaborar por sí misma la EIA o elaborarla en conjunto con la comunidad y el gobierno (vea las historias "Bateando por la salud" y "Las comunidades se oponen a la minería"). Pero es el gobierno que decide si el proyecto puede comenzar.

Cómo funciona la EIA

Las EIA deben incluir 2 actividades fundamentales:

  1. Un estudio del impacto del proyecto y un informe escrito explicando dicho impacto. Generalmente lo prepara la compañía administradora del proyecto, y puede o no contar con la participación de la comunidad.
  2. Realización de reuniones públicas para que las comunidades afectadas puedan evaluar el proyecto antes de su ejecución.

Las EIA son mejores si para su elaboración y evaluación se toma en cuenta el principio precautorio. Si la EIA demuestra que un proyecto puede causar daño, éste tendrá que prohibirse o corregirse. Pero con frecuencia las EIA se usan para mostrar un proyecto como si fuera inofensivo, aunque en realidad cause graves daños a corto o a largo plazo.

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Muchas empresas elaboran la EIA antes de invitar a la comunidad a participar, en vez de elaborarla con su participación. A veces no divulgan la celebración de reuniones relacionadas con la EIA o dificultan que asista la comunidad. Cuando una empresa o el gobierno acelera arbitrariamente la aprobación de una EIA, el proyecto puede ejecutarse mientras que la comunidad está haciendo campañas para detenerlo. A pesar de todo esto, si la EIA está preparada con seriedad y buena fé puede ser una herramienta importante para que las comunidades y el gobierno evalúen y mejoren el desarrollo de los proyectos propuestos.

Cómo pueden las comunidades influenciar las EIA

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Para ejercer su derecho de participar en la EIA, es importante obtener toda la información posible, de diferentes fuentes (no sólo de la compañía), y dedicar el tiempo necesario para comprender todos los impactos posibles. Generalmente muchas de las decisiones ya se han tomado cuando la gente más afectada por fin tiene la oportunidad de expresar sus opiniones.
Participar en un proceso de EIA puede ser útil en que la comunidad se eduque y organice para proteger su salud y sus recursos. Aunque no siempre sea posible detener un proyecto dañino, la educación y organización que se logra debido a la EIA pueden contribuir a proteger la comunidad.

Exija su participación

Las comunidades pueden exigir que se tome en cuenta su opinión en la EIA. A veces, incluso, pueden recurrir a un juzgado, al gobierno o a una agencia de desarrollo, para que se permita la participación de los representantes de la comunidad en el proceso de elaboración de la EIA. Los miembros de la comunidad pueden participar directamente, o pedir que alguien los represente, ya sea una ONG o un abogado. Representantes de la comunidad podrán celebrar reuniones regulares con toda la comunidad para comunicarles los planes y actividades de la compañía y el proceso de elaboración de la EIA. Su participación también puede ser útil para que la comunidad comprenda mejor sus derechos y responsabilidades y las medidas que pueden tomar para evitar el daño de un proyecto, o hacer que éste se suspenda definitivamente.

Obtenga el informe EIA completo

Las comunidades tienen derecho a ver todo el documento de EIA, no sólo su resumen o una versión parcial. Los informes de EIA generalmente contienen varias partes que se clasifican con títulos como “Riesgos para la seguridad”, “Riesgos sociales”, “Riesgos para la salud” y “Costos de limpieza”. En estas secciones es posible que se expliquen problemas que la compañía no quiera difundir. Las comunidades y sus aliados además pueden identificar los errores o la información importante que no fue incluida en la EIA.

Los problemas descritos en la EIA, y también los que no se toman en cuenta en ésta, pueden comunicarse a los medios, funcionarios del gobierno y al público para crear mayor resistencia contra los proyectos perjudiciales. También es posible darlos a conocer a las entidades nacionales e internacionales, a fin de presionar a las empresas o gobiernos a responder a los reclamos comunitarios.

Las comunidades se oponen a la minería

La pequeña comunidad agrícola de Junín se extiende en un hermoso bosque nublado en las estribaciones de Los Andes, en Ecuador. La gente aquí no tiene mucho dinero pero desde hace cientos de años se ha ganado la vida con los productos de la tierra. Recientemente, la gente de Junín se enfrentó al reto más grande de su historia: una compañía planeaba construir en esa región una de las minas de cobre a cielo abierto más grandes de América del Sur.


Cuando una compañía minera japonesa vino a explorar el área, la gente de Junín sabía que la minería podría causar contaminación. Sin embargo, la compañía minera les prometió que la mina traería empleo y “progreso” en forma de nuevos caminos y escuelas; entonces los residentes de Junín permitieron que se realizara la exploración en busca de minerales. No pasó mucho tiempo para que la compañía encontrara un depósito grande de cobre, y para que la gente de Junín pronto se diera cuenta de que el agua estaba contaminada con desechos de la exploración. Los pobladores pronto comenzaron a tener salpullido y otros problemas de salud.

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Continuamos organizándonos. Algunos pobladores crearon un periódico y radio comunitario para mantenernos mejor informados.

La comunidad pidió a la compañía minera detener la contaminación, pero no les hizo caso y los habitantes de Junín tuvieron que tomar otras medidas. En una ocasión en que los mineros estaban de vacaciones, cientos de pobladores ingresaron al campamento y sacaron las herramientas, los muebles y otras cosas para entregárselos a las autoridades. Luego quemaron el campamento. La compañía entendió el mensaje y se fue, pero unos años después ingresó otra compañía de minería canadiense.


La nueva empresa hizo todo lo posible para dividir a la comunidad. A los pobladores de Junín les ofrecieron grandes cantidades de dinero por sus tierras. Algunos vendieron, pero otros se negaron a hacerlo. La compañía sabía que esto causaría conflictos. También envió un doctor para brindar atención médica gratuita, pero sólo a las personas que habían firmado un documento declarándose a favor de la mina. Después de dar a conocer esta injusticia, las organizaciones locales se unieron para conseguir fondos y abrir su propia clínica comunitaria.


Las leyes ecuatorianas exigen que se realice una EIA antes de comenzar cualquier proyecto que impacta al medio ambiente. La gente sabía que si la EIA no se efectuaba debidamente el gobierno no debía permitir que la mina se construyera. También sabían que una EIA imparcial tendría que demostrar que la minería forzaría a la gente a abandonar el lugar, contaminaría el aire, causaría erosión y sedimentación en las cuencas, y envenenaría el agua con aguas residuales, metales pesados y otros desechos tóxicos.


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Los pobladores de Junín habían aprendido a usar la ley a su favor. Después de que la compañía certificara que había elaborado la EIA, el gobierno la rechazó por incompleta.


Los pobladores de Junín también emplearon la acción directa, como el bloqueo de caminos para impedir que la compañía ingresara al lugar. Los líderes de la comunidad declararon a todo el municipio como zona no minera. Mediante la aplicación de diferentes tácticas, los pobladores de Junín evitaron que esta mina de cobre a cielo abierto destruyera sus comunidades, sus hogares, sus bosques y sus fuentes de agua.

EIA de base comunitaria

Una EIA de base comunitaria puede servir para que los pobladores de las aldeas, pueblos o regiones lleguen a un común acuerdo sobre cómo utilizar, proteger y depender de los recursos tales como el aire, los alimentos, el agua, los animales, los productos forestales, las plantas medicinales y los lugares sagrados. De esta manera se puede establecer un proceso para resolver conflictos y malentendidos acerca del uso de los recursos en las comunidades. Puede ser algo útil crear la unidad necesaria para enfrentarse a las empresas o a los gobiernos. También puede servir para movilizar a la gente cuando tengan que oponerse a las industrias que aprovechan las divisiones en la comunidad para explotar sus aguas, maderas, tierras y otros recursos.

Una EIA de base comunitaria puede ser simple; primero se analizan los recursos que la comunidad utiliza para llegar a un acuerdo sobre la mejor forma de protegerlos. En una EIA de base comunitaria más complicada puede elaborar mapas, realizar encuestas y establecer alianzas con las comunidades vecinas y con organizaciones de asistencia.

Una EIA de base comunitaria es diferente a una elaborada por las empresas o gobiernos. Quizá no cumpla con los requerimientos legales de una EIA “oficial”, porque le asigna más importancia a las ideas, a la salud y a la cultura de la gente y menos a la explotación de los recursos. Una EIA de base comunitaria reconoce que las complicadas estructuras y el lenguaje “científico” de la EIA no sólo confunden a la gente, sino que se han previsto precisamente para excluir a la comunidad. Una EIA de base comunitaria es un medio para demostrar que “se puede evaluar el impacto ambiental de otra manera”.

Muchas de las actividades descritas en este libro, por ejemplo los mapas comunitarios, los sociodramas, las encuestas de salud, las actividades de protección de las cuencas hidrográficas, los recorridos sobre la basura y otras actividades que realiza su comunidad pueden contribuir a una EIA de base comunitaria.