Hesperian Health Guides

Introduccion

Un diente sano es una parte viviente de nuestro cuerpo. Está conectado por las arterias, las venas, y los nervios a nuestro corazón y cerebro. El separar al diente del resto del cuerpo, o el sólo hecho de interrumpir esos conductos de la vida, significa la muerte de ese diente. Significa también dolor y problemas para el cuerpo, para la totalidad de la persona.

Veámoslo de otro modo. La salud de los dientes y de las encías es fundamental para tener la boca sana, la cual se relaciona con la salud de todo individuo, de la misma manera como la salud de una persona se relaciona con la de toda la comunidad.

Desde este punto de vista, la separación que tan frecuentemente se hace entre la atención dental de la boca y la atención de la salud en general no es ni razonable, ni saludable. La salud de la boca a través del cuidado básico de los dientes y de las encías tanto preventivo como curativo, debe ser parte del conocimiento básico de todos los trabajadores de la salud de la comunidad. Idealmente, tal vez, Donde no hay dentista debe ser una parte de Donde no hay doctor. Se podría pensar que este libro debe ser un volumen acompañante de Donde no hay doctor y de Aprendiendo a promover la salud. Para adquirir estas libros escriba a la Fundación Hesperian.

Al escribir este libro Murray Dickson ha tenido mucho cuidado de hacer ver a sus lectores que los cuidados dentales son parte importante de la salud y el desarrollo de la comunidad.

Donde no hay dentista es un libro que explica lo que mucha gente puede hacer para sí misma y para los demás, respecto al cuidado de sus dientes y la boca. Este libro se ha escrito para:

  • Trabajadores de la salud de pequeñas comunidades que desean aprender más sobre el cuidado dental, como parte de una atención más completa de la salud de la comunidad.
  • Maestros de escuela, madres, padres de familia y cualquier persona que se preocupe por la promoción de la salud de la boca de sus niños y de su comunidad.
  • Aquellos dentistas y técnicos dentales que están buscando maneras de compartir sus habilidades y ayudar a la gente a ser más autosuficiente con costos más bajos.

Del mismo modo como sucede en otras áreas de la salud, existe una fuerte necesidad de desprofesionalizar la odontología; de facilitarle a la gente común y a los trabajadores de la salud las habilidades para prevenir y curar problemas de la boca. Después de todo, la atención preventiva es Io que hace innecesario el trabajo del dentista. Este cuidado es el que cada persona da a sus propios dientes y el que cada madre puede hacer para proteger la dentadura de sus hijos.

Mientras que las enfermedades dentales están disminuyendo en los países ricos, en los países pobres todo sucede Io contrario. Esto se debe, entre otras cosas, a que la gente consume menos alimentes naturales (no refinados) y más comidas enlatadas y comerciales, endulzadas con azúcar refinada.

A pesar de que las necesidades de atención dental están aumentando, hay relativamente pocos dentistas en las áreas marginadas. La mayoría de ellos trabajan sólo en las grandes ciudades y atienden principalmente a quienes pueden pagar sus costosos servicios.

En muchos países a la gente no le alcanza el dinero para pagar los servicios dentales, que le resultan demasiado caros. Incluso en los países ricos, las personas que no tienen un seguro que pague su atención dental frecuentemente no obtienen la atención que necesitan, o tienen que endeudarse para obtenerla.

Dos cosas pueden reducir muchísimo el costo de una atención dental adecuada; éstas son: educar a la gente sobre la salud dental y capacitar a trabajadores de salud como promotores de salud dental. Se puede además entrenar (con 2 ó 3 meses de aprendizaje práctico) técnicos dentales comunitarios. Este adiestramiento es suficiente para resolver el 90% de los problemas de la dentadura y de las encías.

El adiestramiento de los dentistas a menudo incluye complicadas técnicas de cirugía bucal, de alineación de dientes (ortodoncia) y otros tratamientos muy complejos. Sin embargo, la mayoría de los dentistas raras veces hacen otra cosa que sacar dientes y taparlos, que son habilidades que representan sólo una pequeña parte de todo lo que aprendieron. Los problemas más frecuentes y sencillos de la boca pueden ser atendidos por los técnicos dentales comunitarios los cuales formarán la primera línea de batalla por la salud. Los dentistas deben formar un segundo nivel dental que sirva para apoyar el trabajo de los técnicos, ocupándose de los problemas más difíciles.

¿Reduciría esto la calidad de los servicios? No necesariamente. Existen estudios muy importantes que demuestran que los técnicos bien preparados atienden los problemas dentales más frecuentes igual o mejor que la mayoría de los dentistas profesionales.

En Boston (Estados Unidos) un estudio demostró que las tapaduras de los dientes hechas por dentistas tienen 6 veces más fallos que las realizadas por los técnicos dentales con mucho menos tiempo de estudio. Estudios parecidos en México, Guatemala, Colombia, Brasil, han demostrado resultados similiares.

Afortunadamente, en algunos países los técnicos dentales han llegado a ser quienes proporcionan la mayor parte de los servicios más comunes de atención dental. En la India, por ejemplo, existen técnicos dentales que practican en la esquina de la calle y con una máquina de pedal tapan dientes a un precio bastante barato.

En Honduras y Colombia los técnicos dentales (que en su mayoría han aprendido de otros, siendo sus ayudantes) han formado su propia organización. En Honduras la fuerza política de la Asociación de Técnicos Dentales fue puesta xi a prueba cuando en la ciudad de Trujillo un dentista trató de que se prohibiera trabajar a un técnico dental. Este técnico había sacado una raíz infectada de una muela que había dejado por error el dentista. El técnico había comentado sobre la falta de cuidado del dentista y éste supo del comentario. El dentista mandó a un policía para que se llevara los instrumentos del técnico y le cerrara su consultorio. Sin embargo, la organización de los técnicos llevó el caso al juzgado. Decían que tenían derecho a trabajar como dentistas, porque eran las únicas personas que trabajaban para la población pobre que no tiene dinero para pagar lo que cobran los dentistas. El juzgado dio la razón a los técnicos y le ordenó al dentista devolverle sus instrumentos al técnico y pagarle por el trabajo perdido.

En algunos países, los dentistas y los trabajadores de comunidad trabajan en muy buena armonía. En Guatemala, Ecuador, Nueva Guinea y Mozambique, los técnicos dentales tienen el reconocimiento oficial del Gobierno. En Papúa, Nueva Guinea y en Ecuador son los propios dentistas quienes enseñan y ayudan a los técnicos para que atiendan a los niños escolares. En Ecuador principalmente, los técnicos trabajan como asistentes del dentista facilitando el dar buenos servicios a más gente al mismo tiempo que se disminuye el costo. El terapista dental de Papúa, Nueva Guinea ha aprendido a sacar muelas, barrenar y tapar dientes, así como a proporcionar medidas preventivas para los problemas dentales de los escolares.

En Guatemala y en Mozambique, la escuela dental de la universidad ha enseñado técnicas dentales a los promotores de la salud de la zona rural. Los promotores han aprendido a dar educación para la salud, limpiar dientes y muelas, barrenarlos, taparlos y sacarlos. A estos promotores les han proporcionado los instrumentos básicos para dar estos servicios.

En el proyecto Piaxtla, Sinaloa, México (donde la Fundación Hesperian y yo hemos trabajado ya por varios años) algunos dentistas visitantes han enseñado aspectos básicos de la atención dental a los promotores de salud, en comunidades aisladas de la sierra. Algunos de estos técnicos campesinos, con sólo tres o seis años de primaria, realizan más actividades de las que con frecuencia llevan a cabo los propios dentistas. Estas actividades incluyen campañas de salud con escolares, funciones de títeres sobre problemas dentales, limpieza de los dientes, sacar muelas, barrenar, tapar dientes, hacer placas y dentaduras postizas. Algunos técnicos ya hacen tratamiento de la pulpa dental,que consiste en quitar el nervio que va en el centro del diente para salvarlo cuando tiene una infección. Uno de estos técnicos, recordando Io que había visto hacer a un dentista, aprendió por sí solo a hacer el tratamiento de la pulpa cuando a su novia se le infectó un diente de enfrente y no quería sacarlo, pues quedaría muy fea; así que la atendió y le salvó el diente. Aprendió también que era necesario revisar ese diente de vez en cuando para asegurarse de que el tratamiento le había quedado bien.

Tenemos todavía mucho que aprender. Los dentistas necesitan aprender de lo que sabe la gente para servir al pueblo mejor, y al mismo tiempo esta gente necesita aprender de los dentistas.

Hemos visto que los campesinos que tienen poca educación formal a menudo pueden aprender a realizar trabajos manuales, como sacar muelas, manejar títeres o hacer algo de cirugía, más rápido que algunos estudiantes de la universidad. También hemos visto que la mejor manera de aprender odontología no es en la escuela, sino a través de la práctica, aprendiendo junto a otro con mayor experiencia que desea enseñar.

Donde no hay dentista tiene dos partes. La primera, que consiste de los capítulos 1 al 6, trata sobre la enseñanza y el aprendizaje de los cuidados preventivos. Comienza dando ánimos a los trabajadores de salud para cuidarse a sí mismos y a sus familiares. La mejor manera de enseñar es dar un buen ejemplo.

La segunda parte, del capítulo 7 al 15, trata sobre el diagnóstico y el tratamiento de los problemas dentales más comunes. Está especialmente dirigida a aquellas personas que viven donde no existen dentistas o que no tienen suficiente dinero para pagar los tratamientos. (Una zona, barrio o vecindario pobre aún en una ciudad muy rica puede tener los mismos problemas que un pequeño pueblo, pobre y alejado de la gran ciudad, en cuanto a que en ambos lugares es muy difícil que las personas obtengan buenos servicios dentales). Esta segunda parte va especialmente dirigida a los trabajadores de salud que ayudan a la gente a organizarse para resolver sus problemas.

Murray Dickson, un canadiense dedicado a trabajar en programas de atención primaria de la salud en el norte de Canadá, Nigeria, Papúa, Nueva Guinea y Mozambique, escribió este libro en palabras claras y sencillas. Ha tenido cuidado de usar palabras conocidas popularmente en lugar de términos científicos y poco familiares. Por ejemplo, en lugar de hablar de “placa dental” o “sarro”, el autor a veces habla de una capa de gérmenes que cubren los dientes. Este lenguaje sencillo no cambia lo que realmente se quiere decir. El significado tiene más fuerza puesto que lo entiende un mayor número de personas.

El autor ha dicho lo siguiente:

Estoy seguro que algunos dentistas estarán en desacuerdo con algunas partes de este libro. En algunos puntos este desacuerdo puede ser mínimo, como en el caso de no usar términos odontológicos. Otras ideas, especialmente la sugerencia de que personas que no son dentistas puedan ser enseñadas para llevar a cabo muchos tipos de tratamientos dentales, pueden ser motivo de indignación para algunos dentistas.

Mientras tanto, esperemos que este manual sirva principalmente de estímulo para que otros divulguen sus conocimientos en beneficio de toda la población.

Las soluciones a las necesidades que tiene el pueblo se encuentran en el pueblo mismo. La salud bucal, tanto como la salud en general, mejora solamente cuando las personas dirigen su propio cuidado. El reto que deben encarar los dentistas, al igual que los demás profesionales de salud, es de permitir y fomentar que esto suceda.

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