Hesperian Health Guides

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Descarte peligroso de desechos tóxicos

Las compañías que no aplican la producción limpia generalmente producen gran cantidad de desechos tóxicos. En algunas industrias como la química, la minera y la de petróleos, su producto principal puede ser los desechos tóxicos.

Descartar sin peligro de los productos tóxicos puede ser difícil y muy costoso, lo cual explica que con frecuencia las empresas los vierten peligrosamente. Estos basureros se conviertan en una fuente más de enfermedades, aumentando los problemas de salud que se enfrenta la gente de las comunidades pobres.

Cada vez son más las empresas que se organizan para mantener los productos tóxicos fuera de la basura, reciclando algunos de sus componentes. Pero incluso actividades como el reciclaje deben realizarse cuidadosamente para evitar que los tóxicos hagan daño a los trabajadores y al medio ambiente.

Asegurarse de que las industrias se deshagan de sus desechos en forma responsable es sólo parte de la solución. Para resolver los problemas, debemos cambiar cómo funciona la industria. La única forma segura de deshacerse de los desechos es, en primer lugar, dejar de crearlos.

Programa para Eliminar los Plaguicidas Obsoletos

Durante varias décadas las grandes empresas y agencias de desarrollo han promocionado el uso de plaguicidas para ‘solucionar’ el problema del hambre. Pero en la actualidad muchos científicos y agricultores reconocen que los plaguicidas crean más problemas que soluciones. ¿Quién desechará de estos productos químicos mortales? ¿Cómo se puede hacerlo sin peligro?

En el África, más de 50 mil toneladas de plaguicidas no utilizados y no deseados, junto con otros desechos tóxicos, están almacenados en contenedores que sufren fugas. Para deshacerse de manera segura de estos productos y evitar que viertan más, unas agencias gubernamentales y organizaciones formaron el Programa para Eliminar los Plaguicidas Obsoletos (ASP).

Los integrantes del ASP tienen diferentes opiniones sobre cómo deshacerse de los desechos. Algunos estiman que lo más fácil y menos costoso sería quemarlos, y el Banco Mundial junto con varios gobiernos está construyendo incineradores para hacerlo. Otros opinan que la quema de los desechos liberaría aún más venenos en el aire y agua, por lo que sugieren otros métodos. Hasta la fecha no existen métodos realmente seguros para destruir estos químicos tóxicos, y crearlos tomará mucho tiempo.

El ASP sigue buscando una solución, mientras que los desechos tóxicos vuelan en el viento y se filtran en las aguas subterráneas. Estos venenos y las enfermedades que ocasionan son parte del legado mortal de las empresas químicas que los produjeron y de las agencias de desarrollo que los promovieron.

Reciclaje de pilas y baterías

Las baterías de ácido y plomo de los autos comúnmente se reciclan para extraer los metales que contienen. En la mayoría de lugares no se trata de un proceso industrial organizado; más bien es una tarea que las personas realizan en sus casas y patios. El reciclaje de las baterías crea graves problemas de contaminación por plomo, perjudicando la salud y el medio ambiente. Una exposición de corta duración a altas concentraciones de plomo puede ocasionar vómitos, diarrea, convulsiones (ataques, desmayos), coma y hasta la muerte (vea "Envenenamiento por plomo").

En algunos lugares se desarman las pilas pequeñas y el polvo negro que contienen se utiliza para hacer colorantes, tintes y cosméticos. Este polvo es muy venenoso, ya que se compone de cadmio, plomo, zinc, mercurio y otros metales pesados tóxicos. Este polvo debería manejarse con guantes y máscaras. Debe deshacerse con cuidado y nunca volver a utilizarse.

Medidas para reducir el daño

La mejor manera de reducir la exposición a las toxinas de las baterías o pilas es que los fabricantes recojan las usadas y se aseguren de hacerlas reciclar sin peligro. En algunos países se han promulgado leyes para regular el reciclaje de las baterías y pilas.

Reciclaje de productos electrónicos

Si los recicladores de componentes de computadoras se ponen máscaras, guantes y otro equipo estarán más protegidos.

La producción de equipos electrónicos como computadoras, televisores, teléfonos celulares y radios requiere de una gran cantidad de recursos. Los equipos electrónicos también contienen muchos productos tóxicos, por ejemplo plomo, cadmio, bario, mercurio, material resistente al fuego, PCB (bifenilos policlorados) y plástico PVC.

Los equipos electrónicos generalmente terminan en los basureros donde los productos tóxicos que contienen se filtran hasta las aguas subterráneas. A veces también se desarman para reciclar sus componentes, una tarea que generalmente se hace a mano, aplicando peligrosos disolventes. Todo esto causa graves problemas de salud a las personas encargadas del reciclaje y traslada los materiales tóxicos a otros productos que causarán más problemas de salud posteriormente.

La solución menos peligrosa es exigir a las compañías fabricantes de productos electrónicos asumir su responsabilidad y hacerse cargo del reciclaje, y rediseñar sus productos de manera que se utilicen materiales menos dañinos y más duraderos. Los consumidores pueden además reducir los desechos dañinos haciendo reparar los productos electrónicos que compran y utilizan, en vez de tirarlos, cuando se dañen.

Comercio de residuos tóxicos

Se conoce como comercio de residuos tóxicos la exportación de un país a otro de los desechos tóxicos y materiales dañinos. Por lo que los países ricos intenten descargar sus desechos en tierras lejanas, y los gobiernos de países pobres se ven incapaces para detenerlos, el comercio de residuos tóxicos generalmente resulta en que los países y comunidades ricas descargan sus desechos en los países y comunidades más pobres.

A pesar de los convenios internacionales para proteger la salud y el medio ambiente, el comercio de residuos tóxicos es un negocio global. Aunque son dañinos, los productos como electrónicos, plaguicidas, alimentos transgénicos, asbesto y combustible con plomo se envían de los países ricos a los pobres.

Las leyes internacionales prohíben parte del comercio de residuos tóxicos. Pero como es bien entendido por todos, las leyes sólo nos protegen cuando nos organizamos para hacerlas cumplir.

No queremos sus desechos tóxicos

El Khian Sea era un barco al que se encomendó descargar, en cualquier lugar fuera de Estados Unidos, su carga de 14 mil toneladas de ceniza tóxica de incineradores proveniente de Filadelfia, EE.UU. Sin embargo, el barco fue rechazado en todos los puertos a donde se dirigió.

Lo intentó primero en las Bahamas y la República Dominicana, pero no aceptaron los desechos. Navegó hasta Honduras, Bermuda, Guinea-Bissau, y las Antillas Holandesas. Pero ningún país quería la ceniza tóxica.

Desesperada por descargar, la tripulación mintió, diciendo que la ceniza era material de construcción para carreteras. Pero los activistas ambientales le llevaban la delantera al barco e informaban a los países lo que realmente contenía la ceniza. Nadie la aceptaba, hasta que el barco llegó a Haití. Allí, el gobierno respaldado por Estados Unidos permitió que 4 mil toneladas de la ceniza, ahora llamada “fertilizante”, se descargara en la playa.

Pronto, la protesta pública obligaría a los funcionarios haitianos a admitir que no se había descargado fertilizante. Ordenaron que los desechos se devolvieran al Khian Sea, pero éste huyó al abrigo de la oscuridad.

Por 2 años el Khian Sea se fue de país en país, intentando de deshacerse de las 10 mil toneladas de ceniza restantes. Hasta se ordenó a la tripulación pintar sobre el nombre del barco para ocultarlo. Pero no fue posible burlar a
Desechos tóxicos
¡Devolver al remitente!
ningún país para que aceptara la carga tóxica. Uno de los tripulantes posteriormente declaró ante un tribunal que gran parte de los desechos fueron arrojados en el Océano Índico. Finalmente, debido al esfuerzo de los activistas, 2 mil toneladas de ceniza fueron depositadas en un basurero de Filadelfia.


La construcción puede desenterrar los desechos tóxicos

Desafortunadamente, desentenderse de los desechos tóxicos no elimina el problema. El inicio de nuevos proyectos en las ciudades genera habitualmente mucho entusiasmo por los nuevos mercados, casas, áreas de recreación y trabajos que se crearán. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado y comprobar que los terrenos en sí no se han convertido en un basurero de desechos tóxicos, particularmente si las obras se realizan en lugares donde antes había una fábrica o una base militar. Si es así, es necesario retirar primero sin peligro los desechos tóxicos.

Bateando por la salud

Cuando la ciudad de San Diego, Estados Unidos, comenzó a construir un nuevo estadio, los admiradores del equipo de béisbol Padres de San Diego estaban muy entusiasmados. El nuevo estadio sería mejor para ver los juegos, y su construcción generaría empleos en la comunidad. Sin embargo, la evaluación del impacto ambiental (EIA) demostró que el proyecto tendría efectos perjudiciales para el medio ambiente y para la salud.

El sitio propuesto para la construcción estaba contaminado con productos tóxicos. En el plan se tenía previsto excavar el suelo tóxico y quemarlo justo en el centro de la ciudad. Los miembros de una coalición local para la salud ambiental (por sus siglas en inglés, EHC), sabían que esto causaría graves problemas de salud, y organizaron a la comunidad para exigir otra alternativa.

La EHC y los miembros de la comunidad pidieron a los funcionarios de la ciudad que se rechazara el plan pero éstos se negaron hacerlo. Entonces la comunidad organizó una protesta con más de 100 residentes frente al sitio de la construcción. Cuando los medios locales difundieron lo que estaba sucediendo, se produjo la impresión de que al equipo de los Padres no le importaban sus admiradores. Poco tiempo después, los propietarios del equipo accedieron a encontrar otra forma para deshacerse de los desechos tóxicos.

La EHC también demostró que el nuevo estadio causaría un aumento del tráfico vehicular, contaminación del aire y asma. Después de muchas reuniones la EHC contribuyó para proyectar otros planes de construcción más saludables.

Ningún proyecto está exento de peligros, incluso cuando se programan reuniones públicas y se realizan evaluaciones de impacto ambiental. En el caso del estadio de San Diego, los planificadores querían seguir adelante con el proyecto aunque sabían que era dañino quemar los productos tóxicos y que había problemas con los planos del estadio. Para obligar al gobierno a reducir los posibles daños, hizo falta que un grupo organizado y dedicado estudiara los informes, asistiera a las reuniones y protestara en las calles.

Muchos residentes de San Diego siguen con atención todos los partidos de los Padres. Ahora pueden apoyar a su equipo sin enfermarse por hacerlo.

Acuerdos internacionales sobre los desechos tóxicos

Durante años, los países ricos de Norteamérica y de Europa utilizaron a África, Asia, América Latina y Europa Oriental como campos de depósitos tóxicos sin ninguna presión legal para dejar de hacerlo. Finalmente, la acción comunitaria de los países más pobres junto con la presión de ambientalistas de todo el mundo logró que se firmaran acuerdos internacionales prohibiendo el comercio de residuos tóxicos.

El primer convenio fue el Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos y su eliminación (1992). El origen de este convenio se debe principalmente a los activistas que siguieron al barco Khian Sea en su recorrido por todo el mundo intentando deshacerse de su carga de ceniza tóxica. Los países firmantes del convenio de Basilea acordaron que los desechos tóxicos se traten, reutilicen y descarten lo más cerca posible de su origen, en vez de embarcarlos a otros países.

En 2001, 92 naciones firmaron el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes (COP), que prohíbe la producción y uso de los 12 COP más dañinos y prohíbe su comercio, a menos que el uso de ciertos productos químicos pueda evitar más daño del que hace (es el caso del uso dirigido del DDT en ciertos lugares para controlar el paludismo).

Un tercer convenio emitido en 2004 es el Convenio de Rotterdam sobre el procedimiento de consentimiento fundamentado previo, que requiere que un país notifique y obtenga permiso de otro antes de exportar a él productos químicos peligrosos.

Si las personas conocen y hacen aplicar estos convenios, éstos pueden convertirse en una importante ayuda para promover la salud y la justicia mundiales. Sin embargo, las grandes empresas pueden aún eludir las leyes de diversas maneras. En el Anexo B se explica cómo podrá valerse de éstas y otras leyes nacionales e internacionales en sus esfuerzos para promover la salud ambiental.

El juego de Serpientes y Escaleras

Serpientes y Escaleras es un juego popular en actividades para la enseñanza de temas de salud. Esta versión del juego es útil para demostrar el daño que nos hacen los productos tóxicos y las medidas para evitarlo. Podrá crear su propio tablero de juego copiando en un papel grande, cartón o tabla de madera el tablero que aparece más abajo.

Materiales: dados; semillas, piedritas o conchas para usar como marcadores del juego; un tablero.

Reglas: el juego puede jugarse con 2 a 4 personas, o en equipos. Los jugadores ponen un marcador (una semilla, piedra, o concha) para indicar el lugar que ocupan en el tablero.

El primer jugador arroja los dados y avanza su marcador según el número obtenido, a partir del primer rectángulo (INICIO).

Cuando un jugador saca un 6, avanza 6 espacios y podrá volver a tirar los dados un segundo turno. De otra manera los dados se pasan al siguiente jugador.

Si el marcador aterriza en la cabeza de la serpiente, el jugador lee en voz alta el contenido de ese rectángulo, mueve a continuación el marcador hasta la cola de la serpiente y lee el mensaje de ese otro rectángulo. Cuando le vuelva a tocar su turno, el jugador arrancará desde allí.

Si un marcador cae en el pie de una escalera, el jugador lee en voz alta el mensaje del rectángulo, mueve a continuación el marcador hasta la parte superior de la escalera, y lee el contenido de ese rectángulo. Cuando le vuelva a tocar su turno, el jugador arrancará desde allí.

El ganador será el primer jugador que llegue al último rectángulo. El jugador debe arrojar el número exacto que necesite para aterrizar en el último rectángulo.

Conviene adaptar los mensajes de los rectángulos de serpientes de modo que se refieran a problemas de salud y sustancias tóxicas de la comunidad. Del mismo modo, los mensajes de los rectángulos de las escaleras se pueden adaptar para expresar las posibles medidas locales que se pueden tomar para reducir la exposición a tóxicos, y otras soluciones relevantes a la comunidad.

Anime a los jugadores a discutir los problemas (serpientes) y las soluciones (escaleras) en los que caen durante el juego. Cuando termine el juego, pregunte si hay otros problemas con tóxicos que no fueron mencionados, y las medidas que la comunidad podría tomar proteger su salud.

En el Capítulo 11 del Aprendiendo a promover la salud de Hesperian se explica cómo fabricar y utilizar los tableros de juego.


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