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Capítulo 29: Ataques: Epilepsia

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A child having a seizure

Los ataques (también llamados convulsiones) son períodos repentinos y generalmente breves de pérdida del conocimiento o cambios en el estado mental, muchas veces con movimientos extraños e involuntarios.

Uno de cada 10 ó 20 niños tiene por lo menos un ataque antes de los 15 años. Pero sólo uno de cada 50 niños seguirá teniendo ataques crónicos (ataques repetidos durante muchos años)—una condición llamada epilepsia.

CAUSAS DE LOS ATAQUES CRÓNICOS (EPILEPSIA)

Los ataques provienen de un daño o condición anormal del cerebro. Algunas de las causas más comunes son:

  • Daño cerebral. Causa por lo menos una tercera parte de todas las epilepsias. El daño puede ocurrir durante el embarazo, el parto o más tarde. Las mismas causas de daño cerebral que producen parálisis cerebral pueden producir epilepsia. Por eso, es común descubrir que una persona con parálisis cerebral también tiene epilepsia. La meningitis a veces es la causa de esta combinación de discapacidades. En los niños pequeños, los ataques pueden ser el resultado de fiebres (calenturas) altas o de deshidratación severa (pérdida de líquidos). En personas muy enfermas, posibles causas son la meningitis, el paludismo (malaria) del cerebro o el envenenamiento. (Vea Donde No Hay Doctor, pág. 178). La epilepsia que sigue empeorando, sobre todo si aparecen otras señas de daño cerebral, puede ser seña de un tumor cerebral (o de hidrocefalia en un bebé). Los ataques causados por un tumor usualmente afectan un lado del cuerpo más que el otro. Muy de vez en cuando, los ataques pueden ser causados por lombrices solitarias de puerco, que forman quistes en el cerebro. (Vea Donde No Hay Doctor, pág. 143).
  • Herencia. Hay historia de ataques en las familias de más o menos una tercera parte de las personas que tienen epilepsia.
  • Causas desconocidas. En más o menos una tercera parte de los casos de epilepsia, no hay ni historia de ataques en la familia ni historia de daño cerebral.


Ataques por fiebre (calentura). Los niños que han tenido un ataque al tener fiebre alta, muchas veces seguirán teniéndolos cada vez que les dé fiebre—sobre todo si otras personas en la familia han tenido ataques por fiebre. Revise si hay una infección en los oídos o la garganta, o disentería causada por bacterias (diarrea con sangre y fiebre) y trate la causa.

Los ataques que sólo aparecen cuando el niño tiene fiebre por lo general desaparecen después de los 7 años de edad. Pero a veces se convierten en una epilepsia no relacionada con la fiebre, sobre todo si el niño tiene señas de daño cerebral. (Vea “Parálisis cerebral”).


¡ADVERTENCIA! Los ataques en un niño muy enfermo pueden ser seña de meningitis. En ese caso busque ayuda médica de inmediato para salvarle la vida. Aprenda a reconocer las señas de la meningitis. (Vea Donde No Hay Doctor, pág. 185).

Los espasmos de tétano no son ataques. La quijada se cierra con fuerza y el cuerpo se dobla de repente hacia atrás. Aprenda a reconocer las primeras señas del tétano. (Vea Donde No Hay Doctor, pág. 182).
MENINGITIS
child lying back with curved back while head is being supported
TETANO
a child bending back with jaw clenched

MAS INFORMACION SOBRE LOS ATAQUES (EPILEPSIA)

Habilidad mental. Algunos de los niños con epilepsia son inteligentes. Otros son más lentos. A veces, los ataques severos muy frecuentes pueden llegar a dañar el cerebro y causar o aumentar el retraso mental. El tratamiento para controlar los ataques es muy importante.

Tipos de ataques. Los ataques pueden ser muy distintos en diferentes niños. Algunos niños pueden tener ataques ‘grandes’ o ‘mayores’ con fuertes movimientos involuntarios y pérdida del conocimiento. Otros pueden tener ataques ‘pequeños’ o ‘menores’. Estos pueden ser períodos breves de movimientos extraños de algunas partes del cuerpo. O períodos en que el niño se porta raro: se chupa los labios o se jala la ropa. O pueden ser ‘ausencias’ breves en las que el niño se detiene de repente y clava la vista—a veces parpadeando rápidamente.

Algunos niños tendrán una combinación de ataques pequeños y grandes. O quizás primero tengan ataques pequeños y más tarde algunos grandes.

Señas de advertencia o ‘aura’. Dependiendo del tipo de epilepsia, el niño (y sus padres) pueden llegar a sentir cuándo va a empezar un ataque. Hay niños que sienten una advertencia en forma de chispas de luz o colores. O puede que de repente den un grito. Para otro tipo de ataques, la advertencia se presenta como miedo o visiones, sonidos, olores o sabores imaginarios. Otros ataques comienzan sin ninguna advertencia. El cuerpo del niño de repente empieza a sacudirse o se tira violentamente. En este caso, el niño quizás deba acostumbrarse a usar siempre algún tipo de casco protector para no golpearse la cabeza.

Frecuencia de los ataques. Pueden pasar varias semanas o meses entre ataques o éstos pueden ocurrir con mucha frecuencia. Los ataques menores o las ‘ausencias’ a veces se dan en grupos— muchas veces temprano en la mañana o en la tarde.

Por lo general, los ataques son breves. Los ataques menores usualmente duran sólo unos segundos. Los ataques grandes raras veces duran más de 10 ó 15 minutos. Pero muy de vez en cuando, un niño puede entrar en un largo ‘estado epiléptico’ que puede durar horas. Esto es una emergencia médica.

Ciertos tipos de ataques empiezan a cualquier edad. Otros comienzan al principio de la infancia y desaparecen o cambian a medida que el niño va creciendo.

La epilepsia puede ser un problema de toda la vida. Pero algunos niños dejan de tener ataques después de unos cuantos meses o años.

Por lo general, no es necesario saber exactamente qué tipo de ataques tiene un niño. Pero ciertos tipos de ataques requieren diferentes medicinas. El cuadro de "Tipos de ataques epilépticos" describe los tipos principales de ataques, cuándo empiezan y su tratamiento.

¿Cuándo se necesitan estudios médicos especiales?

En algunos países pobres, a veces los doctores recetan medicinas para los ataques sin investigar la causa, la cual podría necesitar atención. Pero últimamente, más y más doctores regularmente ordenan pruebas caras como el ‘EEG’ (electroencefalograma). Aun cuando estos estudios son ‘gratis’, por lo general sólo se consiguen en ciudades lejanas y por eso les terminan costando mucho a la familia. Estos estudios generalmente no ayudan mucho a decidir qué tratamiento seguir—a menos que se sospeche un tumor cerebral. Y aunque sea un tumor, puede haber muy pocas posibilidades de hacer una operación o de hallar un tratamiento eficaz, y por lo general, los costos son enormes.

Usualmente los EEGs y las otras pruebas costosas no son útiles.




Esta página se actualizó el 20 nov 2019