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Capítulo 50: Organización, administración y financiamiento de un programa de rehabilitación rural

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Organizacion y administracion—un metodo de ‘participacion comunitaria’

En el Capítulo 45 hablamos de 2 métodos para organizar un programa comunitario: uno controlado desde fuera (‘de arriba hacia abajo’), y el otro creado y dirigido independiente y localmente (‘de abajo hacia arriba’). Estos 2 tipos de programas tienen sistemas de organización y administración muy distintos.

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Lo esencial de un programa organizado ‘de abajo hacia arriba’ es la igualdad entre todas las personas que participan en el programa o que se benefician de él: *Todos se consideran iguales entre sí.

  • Los líderes son coordinadores, no jefes.
  • Las decisiones generalmente se toman en grupo. De no ser así, pueden ser cuestionadas abiertamente por el grupo o cualquiera de sus miembros.
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EL FACTOR SONRISA—quizás la mejor medida del éxito de un programa. (Foto: UNICEF/T.S. Satyan)
  • Cada persona tiene los mismos derechos y se merece el mismo respeto. Son tan importantes las opiniones de un niño con discapacidad y las de sus padres, como las de un trabajador de rehabilitación o las de un profesional. Todos son miembros valiosos del grupo de rehabilitación.


En un programa dirigido por la misma gente que se beneficia de él, lo más importante es la buena voluntad, la amistad y el gusto que les da a todos ayudarse unos a otros. De menor importancia es tener los pisos brillantes, llegar puntualmente al trabajo, ordenar bien los archivos, contar las horas exactas del trabajo o saber cuántas sillas hace cada trabajador en una semana. El éxito del programa no se mide por medio de una evaluación convencional, sino por medio del ‘factor sonrisa’: qué tan bien se sienten todos—trabajadores, padres y niños—por lo que han aportado y recibido.

El método de PROJIMO: Organización informal y dirección en equipo

Nosotros, los que trabajamos en PROJIMO, no tenemos mucho en qué basarnos al hablar sobre ‘organización y dirección”. A veces nos preguntamos si nuestros logros se deben más a nuestra ‘desorganización’. La poca organización y dirección que tenemos son bastante informales y de tipo cooperativo. No hacemos una distinción clara entre ‘jefes’ y ‘trabajadores’, ni entre ‘trabajadores’ y pacientes’. (De hecho, ni siquiera usamos palabras como ‘paciente’ o ‘cliente’.) Pedimos y esperamos la mayor ayuda posible de los padres, niños y visitantes. La mayoría de los miembros de nuestro grupo son jóvenes con discapacidad que llegaron aquí para rehabilitarse y conseguir aparatos ortopédicos. Empezaron por ayudar como mejor pudieron y al final decidieron quedarse para aprender y trabajar. Este proceso continúa. Algunos jóvenes sólo se quedan por varias semanas o meses, aprenden nuevas destrezas, ganan más confianza en sí mismos y luego se marchan para empezar algo nuevo. Otros se quedan por años. Y hay unos que vienen, se van y después regresan otra vez.

PROJIMO es como una gran familia, compuesta sobre todo por jóvenes, que está creciendo junta. Casi todo el equipo consiste de jóvenes que se están rehabilitando y, a la vez, aprendiendo a trabajar y a convivir. Sería un error fijar en el taller las mismas metas y medidas de ‘productividad y eficiencia’ que se usan en talleres con gente ya capacitada, que además tiene experiencia.

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Hoy en día, Julio es uno de los líderes de PROJIMO. Todas las noches, apunta el trabajo hecho por cada miembro del equipo durante el día.

En PROJIMO no hay un jefe que dé órdenes. Sin embargo, las necesidades de un niño con discapacidad con frecuencia requieren que el grupo coordine sus actividades y que trabaje duro. Las horas son flexibles. Hay tardes tranquilas, en las que a veces la mitad de los trabajadores decide de repente irse a nadar al río. Y hay días muy ocupados en los que varios del equipo trabajan hasta la media noche para terminar un aparato, una prótesis o una silla de ruedas para alguna familia que tiene que regresar a su casa en el autobús de la mañana. Ellos trabajan horas extras, no porque alguien se lo ordene o porque les vayan a pagar más, sino porque saben que el padre del niño no puede perder otro día de trabajo o porque la madre dejó a otro niño enfermo en casa.

Cuando una situación exige trabajo y responsabilidades adicionales, el grupo se reúne para decidir si pueden encargarse o no del asunto. Por ejemplo, una vez llegó un joven llamado Julio, que estaba casi totalmente paralizado (cuadripléjico). Tenía unas llagas de presión enormes y dependía completamente de los demás para todas sus necesidades diarias. El equipo, que no tenía a nadie capacitado para cuidar enfermos, se reunió para decidir si podía o no aceptar a Julio en PROJIMO, pues ningún familiar se podía quedar con él. Algunos miembros opinaban que no debían aceptarlo y otros estaban a favor de que se quedara, recalcando que la situación de Julio en su hogar era miserable. (Su padrastro resentía que la madre se pasara tanto tiempo atendiendo al muchacho.) Por fin, la mayoría decidió aceptar a Julio, aun cuando hubo algunos del grupo que advirtieron que no estaban dispuestos a ayudar a cuidarlo. Sin embargo, resultó que muchos de los que al principio se opusieron, fueron los que le dedicaron más tiempo a Julio. No sólo lo atendieron todos de un modo excelente (curándole las llagas y asistiéndolo con sus necesidades personales), sino que se hicieron muy amigos de él.

El grupo invitó a Julio a participar en las consultas para otros niños con discapacidad para que aprendiera a trabajar como consejero. También le dió el ‘puesto’ de ‘coordinador del trabajo’, que consistía en apuntar cada día los diferentes trabajos hechos por cada persona. Julio tenía que asegurarse de que todos los trabajos necesarios se estuvieran haciendo, y hablar con quienes se olvidaban de alguna de sus responsabilidades. Así sucedió que Julio, el miembro más discapacitado del equipo, llegó a tener el mayor poder (en cuanto a administración). Esto va muy de acuerdo con la filosofía del programa, que podemos resumir así: sólo a través de una justa redistribución del poder lograrán los más débiles y marginados ganar voz y ocupar un lugar justo en la sociedad.

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El hecho de que no haya un ‘jefe’ en PROJIMO crea ciertos problemas, aunque evita otros. Lo que motiva al grupo a trabajar bien es, sobre todo, el interés de cada persona, la presión del grupo, las necesidades urgentes de los niños, y el agradecimiento de los padres. Algunos miembros del equipo trabajan más que otros. Cuando alguien no está trabajando bastante o cuando aparecen otros problemas (como cuando alguien es descortés con las familias) el grupo se reúne con la persona en cuestión. En casos muy extremos, el equipo puede pedir que la persona se atenga a sus deseos o que se vaya. Hasta la fecha, sin embargo, todos los que se han ido de PROJIMO lo han hecho por decisión propia.

La rapidez y efectividad con que trabajan los distintos miembros del equipo varían según su discapacidad. Por lo tanto, el grupo juzga el trabajo de una persona no por lo que produce, sino por su esfuerzo. Una persona responsable gana más dinero, aunque no pueda trabajar rápido. El grupo decide el sueldo de cada trabajador, siempre tomando en cuenta el dinero disponible. Los aprendices empiezan como voluntarios, y sólo reciben comida y hospedaje. Después ganan más, según la responsabilidad que tengan en su trabajo. El grupo decide.

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Miembros del equipo de PROJIMO en una de sus reuniones semanales.

El equipo se reúne con regularidad para planear sus actividades y decidir quiénes estarán a cargo de ellas. Distintas personas se encargan de diferentes aspectos del programa: consultas, archivos, contabilidad y los diferentes trabajos del taller (como la fabricación de aparatos o sillas de ruedas). También todos se turnan para atender el parque de juegos, limpiar la casa, preparar la comida y recoger la cocina. Una persona está encargada de anotar todos los días cuántas horas trabaja cada participante, y en base a esto se pagan los sueldos mensuales.

Este método de organización no tiene una estructura rígida. Es un proceso constante de pruebas y cambios. En pocas palabras, un grupo de personas con los mismos derechos están aprendiendo a vivir y a trabajar juntas. Algunas veces las cosas funcionan mejor que otras. Lo que nos mantiene a todos en marcha es precisamente la gran aventura que es el proyecto—el reto de crear una sociedad más generosa y justa, aunque al principio sólo sea en un pequeño grupo.


Esta página se actualizó el 27 may 2020