Hesperian Health Guides

Formas de ayudarse a sí misma y de ayudar a los demás

Una persona que padece de problemas de salud mental puede comenzar a sentirse mejor mediante tratamiento. Aunque la mayoría de las comunidades no cuentan con servicios de salud mental, hay medidas que la mujer puede tomar por sí misma y que requieren de pocos recursos (capacidades personales para lidiar con problemas). Otra opción es que ella forje una ‘relación de ayuda mutua’ con otra persona o con un grupo.

Las siguientes sugerencias son sólo unas cuantas de las muchas medidas que una persona puede tomar para lograr una mejor salud mental. Estas sugerencias darán mejor resultado si se adaptan a las necesidades y a las costumbres de la comunidad.

Las capacidades personales para lidiar con problemas

Puede ser necesario tomar medicinas para los problemas graves. Trate de hablar con un trabajador de salud que tenga conocimientos sobre los medicamentos que se usan para los problemas de salud mental.

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Ana, ¿puedes cuidar a mis niños un ratito? Necesito un poco de tiempo para pensar.

Las mujeres generalmente no se toman tiempo de sus muchos quehaceres diarios para hacer algo por ellas mismas. Sin embargo, toda mujer necesita algunas veces dejar a un lado sus problemas y hacer algo que le agrada. Las actividades sencillas que quizás usted no haga con mucha frecuencia—como pasar tiempo sola, o ir de compras, atender el jardín o cocinar con una amiga—pueden ayudar.

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Actividades para expresar sus emociones. Si está enojada, puede hacer un trabajo físico pesado. Cuando usted tenga dificultades para decir las cosas a otras personas, quizás le ayude escribir poemas, canciones y relatos. Otra opción es que dibuje sus sentimientos sin usar palabras—no es necesario que sea pintora.

Crear ambientes agradables. Trate de arreglar el lugar donde usted vive de manera que la haga sentirse a gusto. No importa que tan pequeño sea ese lugar; usted sentirá más orden y control cuando esté arreglado de la manera que a usted le agrade. Trate de tener la mayor cantidad de luz y de aire fresco que sea posible.

Trate de tener belleza a su alrededor. Usted podría poner unas flores en el cuarto, tocar música o ir a un lugar donde pueda ver un paisaje agradable.

Practique costumbres que desarrollen fortaleza interior. En muchas comunidades existen creencias y costumbres que ayudan a sus miembros a tranquilizar el cuerpo y la mente, y a proporcionar fortaleza interior. Por ejemplo:

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El Yoga
El rezo
La meditación
T’ai Chi

La práctica regular de estas costumbres puede ayudar a una persona a lidiar mejor con las presiones y otras dificultades en su vida.

Relaciones de ayuda mutua

Muchas veces es más fácil convertir un grupo ya existente en un grupo de apoyo, que crear uno nuevo. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado al escoger relaciones de ayuda mutua. Forme este tipo de lazo sólo con personas que respeten sus sentimientos y que sean discretas.

Ayuda tener a alguien con quien hablar. En una relación de ayuda mutua, dos o más personas se comprometen a llegar a conocerse y a comprenderse. Esto puede llevarse a cabo en cualquier relación—entre amigas o mujeres que trabajan juntas, con miembros de la familia o en un grupo que ya se reúne por alguna otra razón. También es posible formar un grupo nuevo con personas que padecen de un problema parecido. A estos grupos a veces se les llama ‘grupos de apoyo’.

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Muchas veces las mujeres se apoyan entre ellas compartiendo sus historias y escuchándose las unas a las otras mientras trabajan.

Cómo formar una relación de ayuda mutua

No hay dos personas que tengan exactamente las mismas experiencias en la vida. Siempre hay algo más que comprender acerca de otra persona.

Aun cuando dos personas se conocen bien, una relación de ayuda mutua puede tardar en desarrollarse, ya que generalmente es difícil para las personas confiar sus problemas a los demás. Toma tiempo sobreponerse a las preocupaciones y comenzar a confiar en otra persona. Éstas son algunas formas de establecer confianza entre un par de personas o los miembros de un grupo:

  • Trate de estar abierta a escuchar todo lo que le dice otra persona sin juzgarlo.
  • Trate de entender cómo se siente la otra persona. Si usted ha tenido una experiencia parecida, acuérdese de cómo se sintió. Sin embargo, evite considerar que la experiencia de la otra persona es exactamente como fue la suya. Si usted no comprende a la otra persona, no finja hacerlo.
  • No diga a la otra persona lo que debe hacer. Usted puede ayudarle a entender la forma en que las presiones de su familia y de su comunidad y las responsabilidades de su trabajo están afectando sus sentimientos, pero ella debe de tomar sus propias decisiones.
  • Nunca piense que ya no es posible ayudar a una mujer.
  • Sea discreta. Nunca diga a otros lo que la mujer le haya dicho, a menos que esto sea necesario para protegerle la vida. Siempre avísele a la mujer si piensa hablar con alguna otra persona con el fin de protegerla.

Ejercicios para aprender cómo ayudar

La mayoría de los miembros de un grupo necesitan aprender lo que es una relación de ayuda mutua y lo que hace que ésta funcione bien, antes de realmente poder ayudar a otra persona que padezca de un problema de salud mental. Estos ejercicios pueden ayudar a lograr eso:

Estos ejercicios generalmente se realizan en grupos, pero también pueden realizarse entre sólo dos personas.

  1. Compartir experiencias de apoyo. Para entender mejor lo que significa el apoyo, la dirigente del grupo puede pedir a los miembros que relaten una historia personal que demuestre alguna forma en que han dado o recibido apoyo. Después, la dirigente puede hacer preguntas como éstas: ¿Qué clase de apoyo recibieron? ¿Cómo les ayudó? ¿En qué se parecen las historias? ¿En qué son diferentes? Eso puede ayudar al grupo a presentar ideas generales de lo que significa apoyar y ayudar a otra persona.
    La dirigente también puede relatar la historia de una persona que tiene un problema—por ejemplo, de una mujer cuyo esposo bebe demasiado y la golpea. La mujer se vuelve reservada y finge que nada malo está pasando, pero deja de participar en las actividades comunitarias. Entonces el grupo puede discutir: ¿Cómo podría ella ayudarse a sí misma? ¿Cómo podríamos ayudarla como grupo?

  2. Practicar a escuchar activamente a otras personas. En este ejercicio, el grupo se divide en pares.
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    ¿ Y luego?

    Una de las compañeras habla de algo como por 5 ó 10 minutos. La otra compañera escucha sin interrumpir y sin decir nada. Sólo hace comentarios breves para animar a la persona que está hablando a decir más. La compañera que no está hablando demuestra que está escuchando mediante su actitud y la postura de su cuerpo. Después, las compañeras se cambian los papeles.

    Cuando las compañeras terminan de hacer el ejercicio, analizan qué tan bien funcionó. Se hacen preguntas como éstas: ¿Sentiste que yo te estaba escuchando? ¿Qué dificultades tuviste? Después, la dirigente comienza una discusión general entre el grupo entero acerca de las actitudes que mejor demuestran que una persona está escuchando a otra y está interesada en lo que se está diciendo. La dirigente también puede recalcar que, en algunas ocasiones, el escuchar consiste en hablar: hacer preguntas, compartir experiencias, o decir a la otra persona algo que la haga sentirse comprendida. También es posible que consista en admitir que uno ha tratado de entender a la otra persona, pero aún no lo ha logrado.

Ejercicios para aliviar los problemas de salud mental

Una vez que las participantes del grupo han aprendido a apoyarse y ayudarse mutuamente, estarán listas para comenzar a tratar sus problemas de salud mental. Éstas son algunas formas en las que ellas pueden comenzar a ayudarse a recobrar la salud:

Si usted se empieza a sentir incómoda o asustada en cualquier momento durante este ejercicio de relajación, abra los ojos y respire profundamente.

  1. Compartir sus experiencias y sus sentimientos con el grupo. Las personas que padecen de problemas de salud mental a menudo se sienten muy solas. Simplemente el poder hablar de un problema puede ser útil. Después de que una persona haya relatado su historia, la dirigente puede preguntar si alguien más ha tenido experiencias parecidas. Cuando todas las historias hayan sido relatadas, el grupo podrá hablar de lo que las historias tienen en común, si el problema se debe, en parte, a ciertas condiciones sociales, y de ser así, lo que el grupo puede hacer para cambiar esas condiciones.

  2. Aprender a relajarse. Este ejercicio es particularmente útil para las personas que están padeciendo de tensión. En un lugar tranquilo, donde todas puedan sentarse, la dirigente pide al grupo que siga las siguientes instrucciones:
    • Cierren los ojos e imagínense un lugar seguro y tranquilo donde les gustaría estar. Podría ser en una montaña, junto a un lago, cerca del mar, o en un campo.
    • Sigan pensando en ese lugar mientras toman aire profundamente por la nariz y lo sueltan por la boca.
    • Si les ayuda, piensen algo positivo, por ejemplo, ‘estoy en paz’ o ‘estoy a salvo’.
    • Sigan respirando, concentrándose ya sea en el lugar tranquilo o en el pensamiento. Hagan esto como por 20 minutos (el tiempo que tarda el arroz en cocerse).

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    Una mujer también puede practicar este ejercicio en casa cuando tenga dificultades para dormir o cuando se sienta tensa y asustada. La respiración profunda ayuda a calmar los nervios.

    Si ustedes relatan una historia acerca de un problema, es importante que hablen también, en grupo, sobre las formas en que éste podría resolverse.

    Si el grupo ha sufrido un trauma y ha pasado suficiente tiempo desde que éste tuvo lugar, las personas en el grupo podrán entonces analizar sus propias experiencias en lugar de crear un relato.

  3. Crear una historia, un sociodrama o una pintura. El grupo puede inventar una historia acerca de una situación parecida a las que hayan experimentado las miembros del grupo. La dirigente comienza a relatar la historia, otra mujer del grupo sigue relatando la siguiente parte, y continúan así hasta que todas han contribuido de alguna manera y la historia se ha completado. (Las mujeres también pueden representar un sociodrama basado en la historia o pueden hacer un dibujo de la historia.)

    Luego el grupo analiza las diferentes ideas que han surgido. Estas preguntas pueden ayudar a las personas a comenzar a hablar:
    • ¿Cuáles experiencias o sentimientos son los más importantes en este relato?
    • ¿Por qué surgieron esos sentimientos?
    • ¿Cómo está lidiando la persona con ellos?
    • ¿Qué cosas podrían ayudarle a lograr un nuevo equilibrio en su vida?
    • ¿Qué puede hacer la comunidad para ayudarle?

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  5. Hacer un dibujo de la comunidad. Este ejercicio da mejores resultados después de que el grupo se ha estado reuniendo por un tiempo. La dirigente primero pide a las particiapantes que hagan un dibujo de su comunidad. Puede ser útil que la dirigente haga un dibujo sencillo para iniciar el proceso. Entonces el grupo comienza a añadir cosas al dibujo. El dibujo debe incluir los aspectos de la comunidad que contribuyen a la buena salud mental, y los aspectos que causan problemas mentales. Más tarde el grupo estudia el dibujo y comienza a pensar en las formas en las que se puede mejorar la salud mental de la comunidad. La dirigente puede hacer preguntas como éstas:
    • ¿Cómo podemos fortalecer los aspectos de la comunidad que ya contribuyen a la buena salud mental?
    • ¿Qué cosas nuevas necesitan hacerse?
    • ¿Cómo puede el grupo ayudar a realizar esas cosas?

En El Salvador, un grupo de mujeres de una barriada urbana decidió formar un grupo de apoyo. Habían sobrevivido a la guerra civil y ahora, por medio de la iglesia, trabajaban con las víctimas de la guerra. Una mujer cuenta cómo se inició el grupo de apoyo y la forma en que éste le ayudó.

—Un día, todas nosotras nos sentimos tristes sin saber por qué. Nada diferente había sucedido ese día, pero todas nos estábamos sintiendo igual. Entonces, una de nosotras se dio cuenta de que era el aniversario de la guerra por la cual todas habíamos pasado. Fue entonces cuando decidimos formar este grupo. Necesitábamos sentirnos unidas, entender las cosas que nos habían sucedido y lidiar con todo lo que sentíamos en vista de la pérdida de nuestros hijos, hijas, esposos y vecinos en la guerra—¿había sido todo en vano?

—En el grupo hablamos de muchas experiencias que nunca habíamos podido compartir con nadie más. Así, poco a poco fuimos dejando atrás el silencio y los sentimientos de impotencia que cada una de nosotras tenía. Aprendimos que los temores se vuelven menos terribles cuando se les da un nombre. Descubrimos que todas teníamos miedo de las mismas cosas: que otras personas no nos comprenderían, que no encontraríamos una respuesta, y que nuestros recuerdos se volverían más dolorosos si hablábamos de ellos.

—Hablamos, lloramos y reímos, pero esta vez lo hicimos juntas. El grupo nos sirvió de apoyo, nos ayudó a cambiar y nos ayudó a encontrar una nueva dirección en nuestras vidas. Pudimos hacer nuestro trabajo con nueva energía y fortaleza. Ahora nos dedicamos a asistir a las víctimas de la guerra. No sólo les ayudamos a
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restaurar sus hogares y su salud, sino también a sobreponerse a sus temores y a su desesperación. Así, ellos pueden crear un nuevo futuro para sí mismos y para su comunidad.


—Aunque todas nosotras perdimos tanto en la guerra—y la paz no ha cumplido con sus promesas—sentimos como si hubiéramos dado a luz algo nuevo. Y como si fuera un recién nacido, este grupo aporta al mundo un nuevo espíritu y nos da la fortaleza para seguir luchando.


Cómo ayudar a una mujer con sus reacciones a un trauma

Una vez que la mujer llega a comprender sus propias reacciones, generalmente sus sentimientos ejercen menos control sobre ella.

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El masaje puede ayudar a calmar los sentimientos dolorosos.
  • La forma más importante de ayudar a una persona que está sufriendo de los efectos de un trauma, es enseñándole a volver a confiar en la gente. Permita que ella controle la rapidez con la que se desarrolle la relación entre ustedes. Necesita saber que usted está dispuesta a escucharla y que ella puede esperar hasta tener suficiente confianza para hablar. Quizás, al principio, lo mejor sea simplemente hacer juntas sus actividades diarias.
  • Quizás sea útil para la mujer hablar acerca de su vida antes de que sufriera el trauma así como de sus experiencias actuales. Esto puede ayudarle a darse cuenta de que aunque su vida ha cambiado mucho, de muchas formas ella sigue siendo la misma persona que antes. Si le parece apropiado, anímela a hacer algunas de las mismas actividades que ella disfrutaba antes o que formaban parte de su rutina diaria.
  • Quizás haya temas dolorosos de los cuales la mujer no pueda hablar o que estén “enterrados” donde ella no los pueda recordar. Ciertas actividades, como el dibujo o la pintura, o algo relajante, como el recibir un masaje, pueden ayudar a la persona a expresar o a calmar sus sentimientos dolorosos.
  • Si la mujer tiene sueños acerca de su trauma, puede colocar cerca de donde duerme, algún objeto que pertenezca a su nueva vida. Así, al despertar de una pesadilla, el objeto ayudará a recordarle que ahora ella ya está a salvo.
  • Si los recuerdos del trauma hacen que la mujer reaccione de maneras temerosas, ayúdele a tener en mente un plan para reaccionar a los recuerdos que ella no pueda evitar. Por ejemplo, la mujer puede decirse a sí misma: “La cara de este hombre es parecida a la cara del hombre que me atacó, pero yo sé que él es una persona diferente y que no desea hacerme daño.”
  • Si una mujer fue torturada, recuérdele que ella no es responsable de lo que dijo o hizo mientras estaba siendo torturada. Los responsables son los que la torturaron. Ayúdele a comprender que uno de los propósitos de la tortura es hacer a una persona pensar que no puede volver a sentirse como un ser completo, pero que eso no es cierto.

Cómo ayudar a alguien que quiera suicidarse

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Alguien que ya hizo un plan para suicidarse, necesita ayuda de inmediato.

Cualquier persona que padezca de una depresión seria corre el riesgo de suicidarse. Quizás no sea fácil para una mujer hablar acerca de sus ideas de suicidarse, pero muchas veces las admitirá si se le pregunta. Si lo hace, trate usted de averiguar lo siguiente:

  • ¿Tiene ella planeado cómo suicidarse?
  • ¿Tiene los medios para llevar a cabo su plan? ¿Está planeando matar también a otras personas (por ejemplo, a sus hijos)?
  • ¿Ha tratado de suicidarse alguna vez?
  • ¿Están afectando su juicio el alcohol o las drogas?
  • ¿Se encuentra aislada de su familia y de sus amistades?
  • ¿Ha perdido el deseo de vivir?
  • ¿Padece de algún problema médico serio?
  • ¿Es ella una mujer joven que está pasando por un problema difícil en su vida?
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Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es ‘sí’, la mujer corre un mayor riesgo de suicidarse que otras personas. Para ayudarle, trate primero de hablar con ella. Algunas personas pueden comenzar a sentirse mejor simplemente hablando con alguien acerca de sus problemas. De ser así, o si la mujer todavía se siente mal, pero ya puede controlar sus sentimiento mejor que antes, pídale que prometa que no se hará daño antes de haber hablado con usted.

Si el hablar de sus problemas no le ayuda, o si no puede prometer que hablará con usted, entonces es necesario vigilarla con cuidado. Siempre diga a la mujer que está considerando el suicidio que usted piensa hablar con otras personas para que ayuden a protegerla. Hable con la familia y con las amistades de la mujer, y pídales que se aseguren de que alguien esté con ella todo el tiempo. Pídales que quiten cualquier objeto peligroso que esté donde ella se encuentra.

Si su comunidad ofrece servicios de salud mental, averigüe si hay alguna persona que pueda hablar con la mujer con regularidad. Los medicamentos para la depresión también pueden ser útiles.