Hesperian Health Guides

Como aprendio Teresa a moverse y a sonreir—una historia

En este capítulo:


Teresa ha tenido artritis juvenil desde los 7 años de edad. Cuando su madre la trajo a PROJIMO por primera vez, a la edad de 14 años, Teresa tenía el cuerpo todo tieso en forma de silla. Los ojos eran la única parte del cuerpo que podía mover. Las coyunturas le dolían tanto que se pasaba las noches llorando. Años antes, un doctor le había recomendado aspirina para el dolor. Pero la aspirina le había empezado a causar dolor de estómago, así que había dejado de tomarla.


De pequeña, Teresa había sido una niñita muy activa y risueña. Había terminado 3 años en la escuela. Pero ahora estaba triste y desesperanzada. Cada mañana, el dolor la hacía gritar cuando su papá la sacaba de la cama y la sentaba en una silla. Casi nunca hablaba y nunca sonreía.

Cuando Teresa llegó a PROJIMO tenía contracturas graves en los codos, muñecas, dedos, caderas, rodillas, tobillos y pies. Los promotores de rehabilitación le sugirieron que empezara a tomar aspirina otra vez, pero siempre con las comidas, con mucha agua y con un antiácido. Y luego comenzaron un largo y lento proceso de terapia. Mostramos parte de ese proceso en las siguientes fotos.

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Para corregirle las contracturas de las muñecas, unos terapeutas que estaban de visita en PROJIMO le hicieron estos aparatos de un plástico bastante caro. Pero los terapeutas quedaron sorprendidos cuando estos aparatos hechos en el pueblo con un balde de plástico le sirvieron más.
DVC Ch16 Page 150-3.jpg También le hicieron aparatos para las piernas usando baldes de plástico y tiras de cámara de llanta. DVC Ch16 Page 150-5.jpg
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Cada día, el equipo se pasaba horas con Teresa, haciendo con cuidado ejercicios para mantener el movimiento de las coyunturas y de estiramiento y fortalecimiento. Aquí, una terapeuta que estuvo de visita le enseña a un trabajador cómo ayudarle a Teresa a mover más el cuello y la espalda. Cuando Teresa pudo mover las coyunturas un poco, el equipo le hizo una andadera ajustable. Tenía soportes para los hombros y un asiento que podía subirse a medida que a Teresa se le iban enderezando las piernas. Teresa aprendió a caminar, empujándose hacia atrás. Esto le fortaleció los músculos que enderezan las piernas.


Teresa fue mejorando poco a poco. Empezó a hablar, a sonreír y a interesarse en diferentes cosas. Uno de sus hermanos mayores la vino a visitar durante varias semanas. El aprendió cómo hacer sus ejercicios y terapia para poder ayudarle cuando regresaran a su pueblo.

Desafortunadamente, poco después de que Teresa se fue a casa, le dio dengue (fiebre rompehuesos) y estuvo a punto de morirse. Su familia dejó de hacerle los ejercicios y de darle las medicinas. Cuando regresó a PROJIMO 6 semanas después, estaba tan tiesa y doblada como antes. Estaba tan deprimida que no le hablaba a nadie. Los promotores tuvieron que comenzar su rehabilitación de nuevo.

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Esta vez le enderezaron los brazos y las piernas con yesos. (Vea el Capítulo 59.) Cada 2 días le cambiaban los yesos, y con cada cambio le ejercitaban las coyunturas.). Por fin, con los yesos, se le enderezaron bastante las rodillas y las muñecas. Así pudo mover un poco más las manos y jugar en el parque.
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A Teresa le gustaba hacer ejercicios en la alberca de terapia y éstos le ayudaban a moverse mejor. Jugar a la pelota con otros niños con discapacidad le fortalecía los músculos que enderezan las piernas.
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Los niños del pueblo le ayudaban a hacer actividades con las manos. Aquí, Teresa teje una canasta. Cuando tuvo las piernas más fuertes, los promotores le hicieron un armazón ajustable para pararse Más tarde, Teresa empezó a caminar usando una andadera con ruedas hecha en casa. Los aparatos de las piernas le daban soporte.


A medida que a Teresa se le fueron enderezando las piernas y los brazos, el cuello se le fue doblando hacia adelante más y más. Después de un tiempo, Teresa ya no podía levantar la barbilla del pecho. Los trabajadores del pueblo le hicieron un “freno” para la cabeza, que se la jalaba suavemente hacia atrás. A lo largo de varios meses, se le fue levantando la cabeza.

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Teresa ahora puede caminar con muletas. A través de su trabajo diario hace mucha de la terapia que también hace con sus ejercicios.
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Además, sigue haciendo ejercicios para enderezar y fortalecer los brazos y las piernas todos los días. Cosiendo con sus amigas, Teresa aprende a usar mejor las manos. También está desarrollando otras habilidades. (5 fotos: Richard Parker)
DVC Ch16 Page 152-6.jpg Antes, a Teresa la tenían que cuidar en su casa. Ahora, ella ayuda a cuidar a sus hermanitos y hermanitas, y comparte el trabajo de la casa con su familia


(Foto: Andy Brown)




Esta página se actualizó el 20 nov 2019