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Capítulo 15: La agricultura sostenible

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La agricultura sostenible significa cultivar de forma en que se preserve la salud de la gente y de la tierra a largo plazo. Los agricultores que aplican métodos sostenibles tratan de producir los alimentos nutritivos que sus familias y la comunidad necesitan y al mismo tiempo conservar el agua, mejorar los suelos y guardar las semillas para el futuro.

La mayor parte de los alimentos provienen de la tierra, pero mucha gente no tiene suficiente o nada de tierra para producir los alimentos saludables que necesita. La agricultura sostenible, la comercialización cooperativa de alimentos y la distribución justa de alimentos pueden enfrentar estas dificultades.

Los agricultores son los guardianes de la tierra y son expertos en lo que hacen. Los agricultores desarrollan métodos de agricultura sostenible y los modifican según las necesidades de sus comunidades y las condiciones de la tierra en la que trabajan. La agricultura sostenible en las ciudades y pueblos, o en áreas que han sido labradas por generaciones, es útil para resolver los problemas del hambre, la migración, la pérdida de suelos valiosos y la contaminación de las fuentes de agua.

Los métodos de agricultura sostenible no sólo son para los agricultores; también pueden dar buenos resultados en los huertos familiares, para los trabajadores de salud y expertos en desarrollo, y para las personas que deseen instalar un huerto comunitario o una granja urbana para mejorar la nutrición, la seguridad alimentaria y la salud de la comunidad.


Juan, Pedro y el huracán Mitch


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Hubo un tiempo en que el abuelo de Juan cultivaba alimentos suficientes para vivir bien en el valle de Honduras. Más adelante, cuando una empresa frutícola compró sus tierras, el abuelo se trasladó a las montañas. Allí enseñó a su hijo, Aurelio, el padre de Juan, a despejar de árboles las laderas del cerro y a quemar los tocones. Después de cada cosecha, quemaban las cañas de maíz y las ramas de frijol para hacer más ceniza con la cual fertilizar la tierra.

Aurelio enseñó a Juan a labrar de la misma manera. Pero cuando Juan llegó a su adolescencia la tierra estaba agotada y las cosechas eran malas. Juan no podía despejar nuevos terrenos porque toda la tierra cercana pertenecía a otros agricultores, a las empresas frutícolas y a los ganaderos.

Juan cortó todos los árboles de las laderas y sembró todo el maíz, frijol y legumbres que pudo. Sin embargo, el maíz produjo una sola mazorca y los insectos atacaron el frijol. Como muchos de sus vecinos, Juan compró fertilizantes químicos para mejorar sus cultivos y roció plaguicidas para exterminar los insectos. Conseguir dinero para los plaguicidas fue difícil, especialmente porque la tierra seguía produciendo escasamente lo necesario para alimentar a su familia.

Cuando una gran tormenta produjo lluvias torrenciales y vientos fuertes durante 4 días, las laderas de los cerros se convirtieron en ríos de lodo y las casas se deslizaron hasta el campo. Los cultivos y la casa de Juan se arruinaron y el suelo fue arrastrado, dejando sólo piedras. Juan tuvo que volver a comenzar desde cero.

Pedro, el vecino de Juan, sobrevivió a la tormenta mejor que él. Pedro cultiva el maíz, el frijol y las legumbres en medio de árboles que producen fruta, sombra y forraje para sus animales. Pedro no quema las cañas de maíz ni las ramas del frijol, sino que las corta después de la cosecha y las deja encima del suelo. Pedro también sembró barreras vivas de agave y de otras plantas para mantener el suelo y evitar que el agua lo arrastre. Después de la tormenta, las raíces de los árboles sostuvieron en su lugar la mayor parte del suelo y las barreras que hizo retuvieron el resto.

“Las diferentes plantas se ayudan entre sí para enriquecer el suelo”, dice Pedro. “Ni siquiera nos dimos cuenta de que había pasado una tormenta por aquí. El agua pudo absorberse mejor en mis terrenos porque son parecidos a los del bosque”.

Con la ayuda de Pedro, Juan comenzó a restaurar sus campos. Comenzó por sembrar un cultivo de frijol como abono verde para restaurar la fertilidad del suelo. También sembró barreras vivas y una variedad de árboles. Pronto, otros vecinos comenzaron a hacer lo mismo con la esperanza de que estos métodos de agricultura sostenible les permitirán a sus familias sobrevivir otras tormentas.

Cuando ve cómo crecen sus plantitas y árboles Juan piensa en sus hijos, que utilizarán este pedazo de tierra para sostener a sus propios hijos en los años venideros.