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Capítulo 31: Sordera y comunicación

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Cada niño tiene un nivel diferente de pérdida del oído

Algunos niños son completamente sordos; no oyen nada. A menudo los padres pronto se dan cuenta de que su niño no puede oír, porque no voltea la cabeza ni responde, aun a sonidos muy fuertes.

Es mucho más común que los niños sean parcialmente sordos. Un niño puede verse sorprendido o voltear la cabeza con un ruido fuerte, pero no con uno suave. Puede reaccionar a un sonido bajo, como un trueno, un tambor o el ‘muu’ de una vaca, pero no a uno alto como un silbato o el quiquiriqueo de un gallo. O (aunque menos común) quizás el niño reaccione a sonidos altos pero no a bajos.

noise being made with pan and child is turned away from sound
El niño completamente sordo no reacciona a ningún ruido. (Pero puede notar movimientos o vibraciones causados por ruidos fuertes y repentinos. Por ejemplo, si aplaude detrás de la cabeza del niño, quizás mueva el aire que le llega al cuello y haga que él voltee.)
dog barking and baby gets alerted
El niño parcialmente sordo oye algunos sonidos, pero puede que no oiga lo suficiente para distinguir entre los sonidos de diferentes palabras. Usualmente la familia se tarda en darse cuenta de que su niño no oye bien.

Algunos niños que son parcialmente sordos oyen un poquito cuando la gente les habla. Poco a poco pueden aprender a reconocer algunas palabras y a responder. Pero no oyen muchas palabras lo suficientemente bien como para entenderlas. Son lentos para empezar a hablar. Muchas veces no hablan claro, confunden ciertos sonidos o parecen ‘hablar por la nariz’. Por desgracia, muchas veces los padres, los otros niños y los maestros no se dan cuenta de que el niño no oye bien. Puede que lo traten como si fuera ‘tonto’ o como si tuviera retraso mental. Esto sólo le causa más problemas al niño.

Para más información sobre niños con problemas de sordera, vea Ayudar a los niños sordos y otros libros

COMUNICACION es el proceso mediante el cual entendemos lo que se nos dice y decimos o expresamos nuestros pensamientos, necesidades y sentimientos. La gente que puede oír se comunica sobre todo a través del habla.


Problemas que pueden resultar

Para la mayoría de los niños, el oído y el habla son muy importantes para llegar a conocer y entender a la gente y las cosas a su alrededor, y para relacionarse con ellas.

Para el niño que no oye bien, el problema más grande es aprender a comunicarse. Como no puede oír bien las palabras, le es mucho más difícil aprender a hablar. Así que tiene problemas en entender lo que la gente quiere y en decirles lo que él quiere. Esto puede causar muchos malentendidos y desilusiones, tanto para el niño como para los demás. Por lo tanto, no es sorprendente que los niños que no oyen bien se tarden en aprender a llevarse con los demás, se sientan solos u olvidados, o tengan ‘problemas de conducta’.

El intercambio de ideas e información usando algún método de comunicación es importante para el desarrollo de la mente de cualquier niño. Casi todos los niños sordos son tan inteligentes como los demás niños. Pero para que su habilidad mental se desarrolle por completo necesitan aprender a comunicarse bien desde muy pequeños.

La forma en que la sordera afecta a un niño depende de:

  1. Cuándo se haya vuelto sordo el niño. Para un niño que haya nacido sordo o que se haya vuelto sordo antes de empezar a hablar, aprender a hablar o a ‘leer labios’ será mucho más difícil que para un niño que se haya vuelto sordo sabiendo hablar.
  2. Qué tanto oiga todavía el niño. Entre mejor oiga el niño mayor es la probabilidad de que aprenda a hablar, a entender y a 'leer labios'.
  3. Otras discapacidades. Algunos niños sordos también tienen otros problemas. A un niño que sea ciego o que tenga retraso mental o ‘discapacidades múltiples’ le será mucho más difícil aprender a comunicarse que a un niño que sólo sea sordo. (Vea CAUSAS DE LA SORDERA abajo).
  4. Qué tan rápidamente se reconozca el problema.
  5. Qué tan bien sea aceptado el niño y qué tan pronto se le enseñen otras formas de comunicación.
  6. El sistema de comunicación que se le enseñe al niño (‘oral’ o ‘total’, vea la "Maneras de ayudar a un niño a comunicarse").

La importancia de reconocer pronto la sordera

Durante los primeros años de vida, la mente de un niño es como una esponja; aprende el lenguaje muy rápido. Si no se reconoce temprano que un niño tiene problemas para oír y no se le da ayuda efectiva, los mejores años para aprender las destrezas de la comunicación podrían perderse (de 0 a 7 años de edad). Entre más pronto comience el entrenamiento especial, más aprenderá el niño.

Los padres deben fijarse muy bien si su bebé puede oír o no. ¿Se ve sorprendido el bebé o parpadea si de repente hace usted un ruido muy fuerte? A medida que el bebé va creciendo, ¿se voltea y sonríe al oír voces conocidas? ¿Ha empezado a decir algunas palabras a los 18 meses de edad? ¿Dice muchas palabras claramente a los 3 ó 4 años de edad? Si no, es posible que tenga problemas del oído. Tan pronto como sospeche algo, revise cómo oye el niño.

Presentamos pruebas simples del oído. Si le parece que su niño no oye bien, si puede, llévelo a un especialista a que le hagan pruebas.

A menos que al niño se le dé mucha comprensión y ayuda para aprender a comunicarse, la sordera puede ser una de las discapacidades más difíciles, solitarias y mal entendidas. Los siguientes dos relatos ayudan a mostrar la importancia de reconocer pronto un problema del oído y de darle al niño la ayuda que necesita.

TONIO

Aunque Toño nació bastante sordo, sus papás no se dieron cuenta hasta que tenía 4 años. Por mucho tiempo ellos pensaron que era lento. O terco.

Toño parecía estar bien hasta que cumplió un año. Había empezado a caminar y a jugar con muchas cosas. Luego nació su hermanita, Tere. Tere sonreía y se reía más que Toño cuando su mamá le hablaba o le cantaba así que la mamá le hablaba y le cantaba más a Tere.

Cuando Tere cumplió un año, ya había empezado a decir unas cuantas palabras. Toño todavía no hablaba. —Está segura de que su hijo puede oír? —preguntó una vecina un día. —Sí, como no —dijo la mamá de Toño. Cuando llamó a Toño en voz alta, él volteó la cabeza.

Cuando Toño tenía 3 años, sólo podía decir 2 ó 3 palabras. Tere, que tenía 2 años, ya podía decir más de 200 palabras. Pedía cosas, cantaba canciones sencillas y jugaba con otros niños. Toño era más caprichoso. Casi siempre jugaba solo. Cuando jugaba con otros niños, a menudo acababa peleándose—o llorando.

Tere se portaba mejor que Toño. Usualmente, cuando su mamá le decía que no debía hacer algo y por qué, ella entendía y la obedecía. Muchas veces, para hacer que Toño la obedeciera, su mamá le pegaba.

Una vez cuando estaban en el mercado, Tere le pidió un plátano a su mamá y ella se lo compró. Un minuto después, Toño calladamente agarró un mango y se lo empezó a comer. Su mamá le pegó. Toño se tiró al suelo y empezó a patear y a gritar.

 father yelling at a crying Tonio while his mother and Lota looked on

Cuando el papá de Toño oyó lo que había pasado en el mercado, miró a Toño muy enojado y le dijo: —¿Cuándo vas a aprender a pedir las cosas? Ya tienes 4 años y ni siquiera tratas de hablar. ¿Eres tonto o sólo flojo?

Toño simplemente miró a su papá. Le empezaron a salir las lágrimas. No podía entender lo que su papá le estaba diciendo. Pero podía ver el enojo en su mirada. Su papá se enterneció y lo abrazó.

La conducta de Toño fue empeorando cada vez más. A los 4 años de edad, su mamá lo llevó con un promotor de salud, quien le hizo diferentes pruebas y descubrió que estaba sordo.

Ahora los papás de Toño están tratando de recobrar el tiempo perdido. Le tratan de hablar a Toño despacio y con claridad, en buena luz, y hacen algunas señas y gestos con las manos para ayudarle a entender. Toño parece estar un poco más contento y puede decir unas cuantas palabras más. Pero todavía le cuesta mucho trabajo expresar lo que quiere.

SANDRA

Cuando Sandra tenía 10 meses, su hermano Lino, que tenía 7 años, aprendió como revisar si alguien está sordo en el programa NIÑO-a-niño de la escuela. Así que examinó a su hermanita. Cuando se paraba detrás de ella y decía su nombre o tocaba una campana, ella no volteaba la cabeza ni parpadeaba. Sólo hasta que le pegó duro a una cacerola se sorprendió ella. Lino le dijo a sus papás que pensaba que Sandra no podía oír bien. Ellos llevaron a Sandra a un centro de rehabilitación. Allí un promotor examinó a Sandra y estuvo de acuerdo que tenía una grave pérdida del oído.

El promotor les explicó a los papás lo que podían hacer para ayudar a Sandra a desarrollarse y a aprender a comunicarse. Les dió muchos dibujos de manos haciendo señas de diferentes palabras comunes.

—Cada vez que hablen, hagan señas con las manos que muestren lo que están diciendo. Incluyan los gestos y señas que la gente de su pueblo ya usa. También enséñenles a los demás niños a usarlas. Háganlo como un juego. Al principio Sandra no va a entender. Pero los observará y aprenderá. Con el tiempo, empezará a usar las señas ella misma.

—Si se acostumbra a hacer señas, ¿no evitará esto que aprenda a hablar? —preguntó su papá.

—No —dijo el promotor—. No si siempre le dicen las palabras al mismo tiempo. Las señas le ayudarán a entender las palabras, y quizás hasta aprenda a hablar más pronto. Pero toma muchos años aprender a hablar ‘leyendo labios’. Primero, ella necesita aprender a decir lo que quiere y desarrollar su mente.

La familia de Sandra empezó a usar señas al hablar. Pasaron varios meses y Sandra todavía no empezaba ni a hablar, ni a hacer señas. Pero se fijaba cuidadosamente en lo que su familia hacía.

A los 3 años, Sandra empezó a hacer señas. A los 4 años ya podía decir y entender muchas cosas con señas—hasta podía entender algunas palabras ‘leyendo labios’, como ‘sí’, ‘no’ y ‘Lino’. A los 5 años, sólo podía entender unas cuantas palabras ‘leyendo labios’. Pero con señas podía decir más de 1.000 palabras y muchas oraciones sencillas.

a boy making sign for cat and Sandra holding up a cat

Sandra era feliz y muy activa. Le gustaba colorear y jugar a las adivinanzas. Lino empezó a enseñarle a dibujar las letras. Un día ella le preguntó a Lino cuándo iba a poder ir a la escuela.




Esta página se actualizó el 27 may 2020